Vale, chicas, os pongo en situación…
¡Estoy en crisis! ![]()
La semana que viene es el cumple de Valeria, mi hermana pequeña, y… ¡aún no tengo su regalo!
¿¿¿Por??? ![]()
Pues porque tengo que conseguir la sorpresa perfecta. Así que no, no me vale lo típico, como un par de calcetines y una foto enmarcada con un mensajito rollo:
No..., ¡tengo que regalarle algo mucho mejor!
Además, estoy segurísima de que Valeria está imaginando que le voy a regalar algo superalucinante, pero lo único superalucinante aquí son mis niveles de estrés. En serio, hacerle un regalo a alguien que lo tiene TODO es tan complicado como encontrar agua en el desierto.
Y mira que normalmente soy la reina dando sorpresas. ¡Deberían otorgarme un premio! Pero toda mi creatividad debe haberse agotado porque…
—Silvana, ¿me dejas tu…? ¡AAAAAAH!
—¡Valeria, no chilles! ¿Qué pasa?
—¿A mí? ¡A ti! ¿¿¿Qué tienes en la cara???
Me giro hacia mi espejito y… ¡Ay, socorro! ¡Se me ha olvidado quitarme la mascarilla de arcilla! ¡Parece que me haya estampado una tarta de aguacate caducado en la cara! Pero Valeria se merece el susto que se ha llevado por entrar en mi habitación sin llamar.
—¿Qué estabas haciendo? —me pregunta acercándose al escritorio.
—¡No seas cotilla!
Reacciono rápido y cierro la libreta en la que estaba haciendo una lluvia de ideas para su regalo. Ya, está en blanco, aun así ¡no quiero que se huela nada de nada!
—¿Es mi regalo de cumple? —se emociona.
—¿Qué regalo? ¿Qué cumple? —la pico para intentar que no me pille.
—¡No te hagas la tonta! ¡El mío! ¡Exactamente dentro de seis días, cuatro horas…!
—¡Blablablablá! —digo mientras la saco de mi habitación—. ¡Y la próxima vez llama antes de entrar!
Y le cierro la puerta en las narices, aunque ella sigue contando los minutos, los segundos y los nanosegundos que quedan para su cumpleaños.
¡Está tan ilusionada! ![]()
De acuerdo, necesito encontrar el regalo ideal ya de ya. Uno que grite: «¡Te quiero!», y que no suene a: «¡Lo he comprado literal en el último momento!».

En fin, antes de ponerme en acción, me limpio el potingue verdoso de la cara. ¡Ready para investigar! Cojo el móvil y entro en el único lugar que puede ayudarme: ¡TikTok! Si no saco ninguna buena idea de aquí, ¡puedo darme por vencida!
Busco y rebusco. Miro vídeo tras vídeo. ¡Se me duermen hasta los dedos! Y, cuando estoy a punto de rendirme, me salta un anuncio:
¡Sí, sí, sí y mil veces sí! ![]()
No me puedo creer la suerte que he tenido: ¡un viaje con destino misterioso es el mejor todos los regalos posibles!
Enseguida contrato el viaje. Será de viernes a lunes, así que saldremos dos días antes de su cumple. ¡Qué nervios! ¡Le va a encantar!
Durante la semana siguiente, me cuesta una barbaridad estarme calladita. ¡Tengo unas ganas increíbles de que Valeria sepa cuál es su regalo! Pero no se lo doy hasta el mismo día en que debemos ir al aeropuerto, tal como dicen las instrucciones de la agencia de viajes sorpresa.
—¡Valeria! ¿Quieres tu regalo de cumple por adelantado?
—¡Obvio! ![]()

¡Estaba claro que no se iba a negar! Lo que no se espera es que saque un paquete gigante adornado con un lazo supermono todavía más enorme. No, no he cambiado de opinión con respecto a lo del viaje, pero tenía que envolver los billetes de alguna forma, ¿no?
—¿¡Quéééééé!? —chilla Valeria, entusiasmada—. ¡Te has pasado, Silvana!
Arranca el papel a tirones y después abre el paquete. ¡Se lo encuentra lleno de serpentinas brillantes, papeles de colores y confeti!
—Pero ¿qué es esto? ![]()
—¡Busca, busca! —la animo, aguantándome la risa porque he colocado los billetes al fondo.
Y Valeria se lanza en busca de su regalo. Por un momento, ¡casi mete el cuerpo entero dentro de la caja! De repente, hasta arriba de serpentinas y confeti, sale de golpe y grita agitando los billetes: ![]()
